10/26/2009. Ha sido duro para el pueblo de Honduras el trajinar de estos meses pasados. La burla de los diálogos, igual en San José que en Tegucigalpa, han llevado como línea ganar tiempo para los dictadores hondureños.
Las agresiones, las provocaciones, los asesinatos selectivos, como mostraron las cámaras de TV en el área del aeropuerto de Toncontin, los apaleados y torturados de la marcha hacia la frontera con Nicaragua.
El ensayo del terror por parte de un ejército con los métodos enseñados por el Comando Sur, practicados en las ocupaciones de Afganistán o de Irak. Hacia tiempo no lo veíamos en nuestro continente, parecía reservado a lejanos países.
Tienen estos dictadores la certeza que se olvidarán los atropellos y los muertos. Tienen confianza en la solidaridad oculta de aquellos que de la boca para afuera han dicho que no reconocerán los resultados de una contienda electoral amañada, llena de violaciones y ventajismo. Tienen confianza en las sombras que dentro de la base militar de Palmerolas ocultan a los que permanecen dirigiendo desde atrás las operaciones contra sus propios hermanos.
Dura experiencia pero aprendizaje extraordinario la del pueblo hondureño. Si algún contenido tiene la afirmación de que la letra con sangre entra, lo encontramos en este dolor y frustración devenida en escuela y fragua. Mostrando a un pueblo y su presidente capaces de resistir y de levantarse. Tiempos buenos vendrán sin duda, para el pueblo heroico de Honduras y para sus líderes. Tiempos de redención que han venido tejiendo y permitirán escribir en los días porvenir páginas imborrables para la admiración de todos.
La gente de bien sigue con atención las acciones de los patriotas de Honduras. Esperan con fe, saben que la justicia surgirá de las luchas del pueblo y solo con ella vendrá la paz para esa patria que ha esparcido sangre, sudor y lágrimas por alcanzarla.
Por: Francisco Arias Cárdenas |