10/09/2009.Culto de veneración que se celebra cada 8 de septiembre por sus devotos en la Basílica Menor Nuestra Señora del Valle en el Valle del Espíritu Santo, Isla de Margarita, fervor que comenzó hace mucho tiempo por el lugar al que fue trasladada su imagen después que un huracán destruyera la Isla de Cubagua, sitio original de estadía, hacia una hacienda en El Valle en el año 1542. Este lugar le dio su maravilloso nombre: "Virgen del Valle".
Después de su asentamiento, en el año 1608, la Isla de Margarita experimento una fuerte sequía, motivo que empujó a sus habitantes a adorarla en procesión hasta La Asunción para que acabara con esta calamidad. Según los relatos de las personas de aquella época indican que al hacer su gloriosa llegada a esta localidad "el cielo se ennegreció y pronto comenzó a precipitarse una fuerte lluvia sobre toda la isla". Un verdadero milagro.
Varias historias se han tornado alrededor de esta venerable virgen. Una de ellas relata que los indios de aquellos tiempos, los Guaiqueríes, la hallaron entre el monte he inmediatamente del construyeron una rudimentaria capilla de palmas, dándole inicio a esta gran religiosidad hacia ella. Según cuenta otra leyenda que durante época de la Independencia, en la batalla de Matasiete, la Virgen confortaba con su manto sagrado a los combatientes y sanaba sus heridas, siendo proclamada por aquellos luchadores como la "Virgen Patriota".
Patrona de los marineros es invocada también a causa de otro popular relato que cuenta la historia del pescador llamado Domingo, quien en plena faena de búsqueda de perlas en el mar fue herido por una raya que le provocó una terrible úlcera que los médicos no podían curar, diagnosticándole una irremediable amputación para que se mantuviera con vida. Ante tal situación, la desconsolada esposa del pescador acudió a los aposentos de la Virgen del Valle para pedirle por la salud de su hombre enfermo. Pasaron los días y vertiginosamente el marinero sanó de manera milagrosa y se libró de tan terrible destino. Tanto fue así que ofreció como pago al favor concedido la primera perla que recogiera, y en su demostración de fe se dirigió al mar donde halló una ostra, que en su interior encontró una perla que representaba la silueta de una pierna con el rastro de una herida, copia fiel y exacta de su pasada dolencia.
Esta emblemática perla, probatoria de aquella magia sanadora que emana la fe en la Virgen, es ostentada en el museo de la Basílica, junto a otros objetos que le han obsequiado a ella por los milagros realizados.
Acreedora de innumerables creyentes que acuden a diario a su templo para realizar promesas y pagar favores concedidos, ferviente pueblo que demuestra su querencia a la Virgencita del Valle, portentosa y siempre bella, celebramos con gran fe su festividad arraigada en nuestros corazones, una inquebrantable voluntad de ser por siempre sus fieles devotos.
Por: Daniel Guerra |