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La naturaleza evolutiva de la deuda de los países en desarrollo
El presente documento de reflexión de Eurodad se publica en un momento en el que los impactos de la última crisis financiera mundial, que comenzó hace casi 10 años, todavía pueden sentirse en muchos países

19/03/2017.

Simultáneamente, con la caída de los precios de los productos básicos y los flujos de capital volátiles, se ha originado una nueva crisis de deuda que ya está afectando a algunos países en desarrollo.

Resumen ejecutivo

La carga de la deuda de los países en desarrollo ha alcanzado su máximo histórico. Cuando se adoptaron los Objetivos de Desarrollo del Milenio en el año 2000, los países en desarrollo se enfrentaban al desafío de financiar la implementación de dichos objetivos a la vez que tenían que hacer frente a una deuda externa de 1,4 billones de USD. Ahora que se han adoptado los Objetivos de Desarrollo Sostenible (mucho más completos y costosos), los esfuerzos por financiarlos deben competir con una carga de deuda tanto pública como privada que se ha triplicado hasta alcanzar 5,4 billones de USD. El servicio de la deuda cuesta a los países en desarrollo 575.000 millones de USD al año.

La mayor parte de las economías han crecido mucho en los últimos 15 años, por lo que la carga de la deuda como porcentaje de la renta nacional o los ingresos por exportaciones se ha reducido. En cierto sentido, esto es consecuencia de las iniciativas de alivio de la deuda introducidas durante los primeros años de los ODM que ahora, sin embargo, ya no existen para respaldar la puesta en práctica de los ODS. Aunque la carga relativa de deuda se ha reducido entre el 2000 y el 2010, esta tendencia se ha invertido en 2011. Desde entonces la deuda ha continuado ascendiendo, incluso en términos relativos.

Lo más sorprendente es el cambio en la composición de la deuda y los instrumentos de deuda que se están empleando. Cada vez es más frecuente que la deuda pública de los países en desarrollo provenga de prestamistas privados, lo que ha dejado al margen a los prestamistas oficiales, sobre todo los bilaterales, que han pasado de representar el 33% al 16% de la deuda acumulada. Los prestamistas privados también han cambiado: Los bonos han reemplazado a los préstamos, convirtiéndose en la forma más habitual de empréstito privado. Por otro lado, la cantidad de bonos se ha duplicado, pasando del 21% al 42% de la deuda acumulada. Desde 2004, 23 países nuevos han empezado a emitir bonos en los mercados financieros. Los préstamos y empréstitos nacionales también están en aumento, así como la concesión de créditos por parte de nuevos acreedores oficiales de las economías emergentes.

Dada la naturaleza evolutiva de la deuda, las nuevas crisis serán distintas de las anteriores. Una amalgama de titulares e inversores acaba de empezar a conceder préstamos a aquellos países que hasta la fecha sólo podían recibir créditos de unos cuantos bancos privados y oficiales. El régimen de deuda anterior, heredado por la agenda de desarrollo de 2030, nunca consiguió plenamente que los préstamos contribuyeran al desarrollo, a prevenir crisis de deuda o a resolverlas de forma rápida, justa y sostenible. Malas noticias: la situación está empeorando.

Cuando la deuda se obtenía predominantemente a través de acreedores privados, se desarrollaron una serie de instituciones con el fin de abordar este tema. Sin embargo, dichas instituciones siempre fueron muy lentas; además estaban compuestas en su mayoría por acreedores y, como resultado, tuvieron un impacto bastante negativo.

Algunos prestamistas introdujeron salvaguardas para evitar estos impactos (por ejemplo, el Banco Mundial introdujo salvaguardas y el Fondo Monetario Internacional el Marco de Sostenibilidad de la Deuda). Sin embargo, actualmente cada vez proviene menos financiación de estos prestamistas. La principal institución para la resolución de crisis de deuda en nuestros días es el grupo bilateral, oficial y occidental de acreedores denominado Club de París. No obstante, este tipo de deuda representa un porcentaje cada vez menor de la deuda total, y con ello, de los problemas actuales de la deuda.

Cada vez hay una parte más significativa del crédito no cubierta por ningún tipo de normativa eficaz, quedando dentro de una laguna regulatoria. El contexto de la deuda ha cambiado sustancialmente y las instituciones para prevenir y resolver crisis de deuda no han sido capaces de modernizarse y ponerse al día. Al existir cada vez más acreedores y distintos tipos de deuda, se vuelve cada vez más difícil encontrar una solución completa y coordinada a las crisis de deuda.

La naturaleza evolutiva de la deuda requiere soluciones actualizadas que se puedan aplicar a un régimen de deuda eficaz con el desarrollo además de utilizarlas para prevenir y resolver las crisis de deuda. Además, es importante cubrir toda la deuda: la pública, la privada, la externa y la nacional. Buenas noticias: esto no es nuevo.

Ya se ha realizado una gran cantidad de trabajo conceptual para plantearse cómo podría ser un régimen de deuda eficaz para el desarrollo en el siglo XXI. A nivel internacional, destacan tres procesos para la construcción de un régimen de este tipo:

- Para promover la eficacia del desarrollo de los préstamos y proteger a las personas y el desarrollo de las consecuencias negativas de la deuda, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas ha adoptado los Principios Rectores sobre la Deuda Externa y los Derechos Humanos.

- Con el objetivo de que los préstamos sean más eficaces para el desarrollo y evitar nuevas crisis, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (CNUCYD) ha declarado los Principios Consolidados sobre Otorgamiento y Toma Responsables de Préstamos Soberanos, basándose en conceptos anteriores desarrollados por organizaciones de la sociedad civil (incluyendo Eurodad).

- Existen varios intentos de resolver las crisis de deuda de forma rápida, justa y sostenible tanto dentro del FMI como de las Naciones Unidas, donde se ha intentado crear un régimen de insolvencia para deudores soberanos. En otras palabras, un mecanismo de resolución de la deuda para países.

Principalmente, lo que queda por hacer es superar los escollos políticos y poner en práctica estas propuestas. Construir un régimen de deuda es un trabajo muy engorroso. Dependiendo de las oportunidades políticas, pueden producirse innovaciones rápidas o paulatinas, a través de acuerdos internacionales o nacionales que luego se amplíen a nivel internacional. Los ciudadanos deben representar un papel preponderante en todos estos casos.

Por CADTM (Comité para la Abolición de las Deudas Ilegítimas

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