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El casquete polar mengua
A veces reducimos todo a un simple número, una secuencia de cifras en unidades arbitrarias que tratan de expresar científicamente lo que ocurre. Nos proporciona una medida aséptica de un problema, una realidad que muchos no quieren ver

28/03/2018.

El pasado 17 de marzo el hielo polar boreal alcanzó su máxima extensión anual: 15 millones de kilómetros cuadrados. Todos los años el hielo flotante se extiende por el océano Ártico en invierno hasta alcanzar su máximo y luego se va reiterando paulatinamente con la llegada de la primavera y el verano. Más tarde, el invierno hace crecer ese manto blanco de nuevo. Pero esta extensión máxima de hielo sirve a los científicos para evaluar cómo evoluciona el cambio climático.

Este año 2018 se junta con 2015, 2016 y 2017 en ser los cuatro años con la extensión más reducida de hielo máxima. Además, es el segundo peor caso justo detrás del alcanzado el 7 de marzo del año pasado. Los datos han sido hechos públicos por científicos del NSIDC (National Snow and Ice Data Center) de la NASA.

Estos cuatro últimos años alcanzaron unos bajos máximos similares y constituyen el resultado de una tendencia a lo largo en las últimas décadas debido al cambio climático. Si comparamos la extensión máxima de hielo alcanzada este año con la que se alcanzó en 1981 se aprecia una pérdida de hielo de 1,16 millones de kilómetros cuadrados, un área equivalente a la combinada de las áreas de Texas y California. En las últimas décadas este hielo ártico ha estado declinando tanto durante la temporada de crecimiento como en la de fusión de la estación cálida.

Este fenómeno tiene un montón de efectos que van desde cambios en el clima y en los patrones meteorológicos. También tiene un gran impacto sobre las plantas y animales que viven en las regiones limítrofes y en el mismo mar, así como en la población local cuya alimentación depende de esas especies. La desaparición de este hielo erosiona las costas y afecta a la circulación de las corrientes oceánicas.

Según Claire Parkinson (Goddard Space Flight Center, NASA), la cubierta de hielo del Ártico continua en su tendencia de decrecimiento y esto está relacionado con el calentamiento climático que se está dando más intensamente en esa zona. "Es una vía de doble sentido. El calentamiento significa que se va formar menos hielo y que más hielo se va a fundir. Pero, además, debido a que hay menos hielo, menos radiación solar incidente es refleja y esto contribuye al calentamiento", añade.

El pasado invierno la región ha experimentado eventos de calentamiento inauditos, con algunas zonas con temperaturas decenas de grados por encima del promedio. El polo Norte incluso experimentó temperaturas por encima del punto congelación en unos días de febrero. En ese mes una gran área de mar abierto apareció el casquete polar justo por encima de Groenlandia, que es el hielo multianual más antiguo y grueso. Aunque se volvió a congelar, se espera que sea ahora más delgado, que pueda sufrir eventos similares en el futuro y que, sobre todo, se reabra en la estación cálida.

Lo malo es que este hielo antiguo es el que proporciona estabilidad al sistema del océano Ártico. Como era el hielo menos vulnerable a la fusión es de esperar que el hielo de toda la región se haga cada vez más fino y móvil, lo que aumentará su fusión durante el verano.

De todos modos, no parece que un récord de mínimo invernal conlleve necesariamente otro récord de mínimo de cubierta de hielo en verano, ya que esto depende mucho de las condiciones en vientos y temperaturas en primavera y verano.

Gran parte de los datos han sido obtenidos con una campaña área con aviones sobrevolando el casquete polar. Este otoño la NASA lanzará el satélite ICESat-2 que vigilará continuamente la cubierta de hielo.

Aunque un escenario como el de la película de 2004 The Day After Tomorrow no es posible, recientemente ha surgido cierta preocupación por los acontecimientos que están sucediendo en el Ártico. Agua dulce procedente del deshielo de Groenlandia parece estar impidiendo la correcta circulación de la corriente del Golfo. El desvío de esta corriente tendría dramáticas consecuencias para el norte de Europa, cuyas temperaturas son atemperadas por esta corriente cálida. Al fin y al cabo, Anchorage está casi a la misma latitud que Oslo. Si algo así ocurre, el calentamiento global podría traer la paradoja de unos inviernos mucho más fríos en Europa.

Por La Flecha

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