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Crónica: Argimiro al Panteón
El Comandante Carache será exaltado hoy al máximo honor que la Patria da a sus héroes

16/07/2017. "Fue un luchador y un revolucionario (.)

De ahí viene nuestra sangre y nuestra herencia y nuestro

compromiso".

Hugo Rafael Chávez

Hijo de gato

Argimiro Enrique de la Santísima Trinidad Gabaldón Márquez, nació el 15 de julio de 1919 en la Hacienda Santocristo, ubicada entre las poblaciones de Biscucuy y Guanare del Estado Portuguesa. Su padre, el general José Rafael Gabaldón, participó en la revuelta contra Gómez, liderada por Pedro Pérez Delgado "Maisanta", el último hombre a caballo. Aunque este movimiento logró vencer a las fuerzas del gobierno en El Tocuyo, Guanare y Biscucuy, fue derrotado y el viejo Gabaldón puesto en prisión en la cárcel de Puerto Cabello, donde permaneció junto a Pío Tamayo, el precursor del marxismo en Venezuela.

La infancia

Chimiro, como le decían de niño, inició sus estudios en la hacienda familiar junto con su hermano Edgar bajo la tutela del maestro Arturo Simonet. Por esos días, sus textos de cabecera fueron los libros de lectura del profesor Luis Mantilla, a través de los cuales aprendió las lecciones de lectura y escritura; y que a su vez, contenían cuentos, prosa y poesía de Latinoamérica y de España. Estos libros fueron un tesoro para Argimiro, quien recitaba constantemente poemas o frases sueltas, y jugaba a enseñar todo lo que aprendía a los campesinos y peones de la hacienda.

Creció cerca de la naturaleza, entre cuentos, poesía y amando la tierra. Aprendió la batalla de garrote con los peones, y el valor de la lucha por la libertad a través de las historias de su padre. De aquellas enseñanzas que despertaron y enriquecieron su espíritu amoroso, se encuentra: "Combate el mal con el bien, el error con la verdad, el crimen con la virtud, la injusticia con la razón, el odio con el amor, la violencia con la dulzura, la ofensa con el perdón, el egoísmo con la benevolencia (.)". Sin duda, principios que guiaron al agricultor, poeta, político y educador.

La militancia

Al culminar la secundaria se fue a Argentina a estudiar arquitectura. Allí se contactó con los diferentes grupos de izquierda y su llama libertaria se encendió. Al tercer año de la carrera decidió abandonarla y se fue a Brasil a estudiar pintura y literatura, así como periodismo y poesía. Fue un lector apasionado, y entre sus autores predilectos estaban Bolívar, Martí, Tolstói, Gorki, José Ingenieros, Marx, Trotsky, Gandhi, Neruda y Sandino. Le gustaba también el beisbol, el boxeo, hacer caminatas por las montañas y la natación.

Ya en suelo patrio se incorporó a las filas del Partido Comunista de Venezuela (PCV) y a su vez, durante una temporada, dio clases de Historia, Matemáticas y Artes Plásticas en el Liceo Lisandro Alvarado y la Artesanal Lara. Luego en Biscucuy, estado Portuguesa, fue director del Liceo Antonio José de Sucre.

En el marco del Tercer Congreso del Partido Comunista de Venezuela (PCV), organización de la cual fue su Secretario General y Miembro Directivo de la Junta Electoral, promovió la lucha armada para defender al pueblo del imperio norteamericano y de los gobiernos serviles que tenían a Venezuela hipotecada y que torturaban, desaparecían, violaban, atemorizaban a la gente. Para entonces, ya las políticas de Rómulo Betancourt dejaban un saldo importante en cuanto a represión, desapariciones y tortura.

Convencido de la necesidad de la lucha armada, creó en 1960 en La Azulita, estado Mérida, un foco guerrillero, y posteriormente el Frente Simón Bolívar o de Liberación, en las montañas de Lara (FALN), con mayor precisión, en las serranías del entonces municipio Morán de dicho estado. Sobre esto escribiría: "No soy un guerrero, nunca lo había pensado ser, amo la vida tranquila, pero si mi pueblo y mi patria necesitan guerreros, yo seré uno de ellos y este pueblo nuestro los ha parido por millones cuando los ha necesitado (.)".

La ética revolucionaria

Entre sus camaradas fue conocido como Carache, y aunque se hizo guerrillero, conservó su amoroso espíritu de educador. A su juicio, ser revolucionario implicaba contar con las siguientes cualidades: "Ante todo un ser humano igual que todos. Lo que lo hace diferente es que ha comprendido que sus errores, propios de la condición humana, no pueden estar por encima de las virtudes. Un revolucionario, poco a poco va dejando de ser común y se dedica a cultivar lo trascendente de la existencia (.) es un ser humilde, estudioso, que busca aprender algo nuevo todos los días para así estar más preparado y enseñar a otros; es un ser lleno de amor profundo por los demás, por los animales, por las plantas y toda la naturaleza; el revolucionario ama la vida y la alegría, por eso lucha contra la tristeza y la muerte. El revolucionario es ejemplo de conducta, es un ser intachable que practica los principios más altos del hombre, no tiene vicios y es enemigo de las injusticias. Un revolucionario es un guerrero del bien, un ángel de liberación, misionero del amor; apóstol de justicia. La suerte del revolucionario está echada con los empobrecidos de la tierra; es un constructor de paz, y si para luchar contra los asesinos de la historia debe empuñar armas de libertad, fusiles de amor por el pueblo, pues entonces lo hace y se transforma en guerrillero por la vida".

Víctima de un disparo (supuestamente accidental), murió el Comandante Carache a los 45 años de edad, el 13 de diciembre de 1964.

Carta de Argimiro a su padre

Desde las montañas

"(.) Yo estoy muy bien de salud, tengo una gran resistencia física, puedo caminar hasta 20 horas seguidas de día y de noche (.) moralmente estoy aun mejor, con plena fe en lo firme de nuestra victoria, pues todo contribuye a llenarme de optimismo.

Cada día aparece con mayor claridad. El objetivo es la formación de un ejército popular, porque este es el único camino que le queda a los pueblos que quieren librarse de las garras del imperialismo. (.) Nuestro pueblo es un gran pueblo, es el pueblo de la gesta magna de la independencia y de la revolución federal. Su espíritu no ha muerto: nosotros que nos hemos acercado a él, le estamos descubriendo de nuevo y lo levantamos para de nuevo escribir con su sangre páginas gloriosas de nuestra historia (.) Los campesinos no nos delatan, no nos dejan de suministrar comida, información sobre el movimiento del enemigo, de servirnos de baquianos, enlaces y correos. (.) De regiones apartadas nos mandan regalos, gentes hacen viajes para venir a ver e invitarnos (.) Hermosas anécdotas de una gran ternura como la de una anciana que durante meses guardó un proyectil perdido por un soldado enemigo, esperando que algún día viera a los guerrilleros para dárselo, el del campesino que en pleno camino se despoja de la cobija para dársela a un guerrillero, o como la de otro campesino que guardó durante meses una latica de mantequilla para los guerrilleros. Yo estoy llamando a los poetas revolucionarios, para que vengan a ver y a vivir cómo en un pueblo nace de nuevo la epopeya. Todo esto parece una leyenda, o hija de corazones apasionados o la visión iluminada de gente que ha perdido la razón. Sin embargo no es más que la verdad".

Por Ciudad CCS

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